top of page

BLOG

Chemsex: información frente al alarmismo mediático

  • Foto del escritor: PADULUCE
    PADULUCE
  • hace 42 minutos
  • 12 Min. de lectura

Sexualidad alejada de la (hetero)norma y consumo de sustancias ilegales en entornos festivos: dos tabúes que van de la mano en la práctica del llamado chemsex. Como sociedad, pero sobre todo desde ciertos sectores y medios de carácter más conservador, en ocasiones nos resulta complicado hablar sin tapujos (ni prejuicios) tanto de las drogas como del sexo; y, por desgracia, continúa siendo demasiado común que tanto la práctica de la sexualidad no-normativa como el consumo de sustancias ilegales se criminalice, máxime si ambas cuestiones aparecen de forma conjunta.


De forma harto simplista y maniquea, muchos medios e instituciones aún tratan la promiscuidad y las drogas como una mera sucesión de riesgos y enfermedades, es decir, como cuestiones que no reportan ninguna clase de beneficio (aunque sea pasajero) o placer... hasta el punto de que, de tan peligrosas que las pintan, resulta casi imposible creer que miles y miles individuos participen por su propia voluntad en prácticas como el chemsex... y que, incluso, sean capaces de compatibilizar esta clase de experiencias con el disfrute de una vida "feliz" y/o "funcional".


Para una parte de la población el chemsex es un fenómeno extremo, harto lesivo, que conduce a su gran mayoría de participantes a sufrir problemas de adicción, muerte por sobredosis, enfermedades de trasmisión sexual y/o violaciones grupales . Sin negar que la práctica del chemsex no está exenta de estas problemáticas, lo cierto es que esta visión bebe del alarmismo mediático existente sobre la materia; un alarmismo que, además de ser totalmente inútil a la hora de ayudar a personas que puedan estar pasándolo mal por su consumo de drogas en contextos de chemsex, contribuye a estigmatizar tanto a los y las consumidores de drogas como a la comunidad LQTBIQ+. Y es que, tal y como se explica en un comunicado de prensa escrito desde la Comisión Género de Energy Control Madrid, esta visión es, en parte, un reflejo del estigma aún vigente en la sociedad" tanto en lo referido al "consumo de drogas" como a la presunta "promiscuidad de la comunidad LQTBIQ+”.


Por todo ello, porque es de vital importancia no estigmatizar aún más a quienes pueden estar padeciendo ya problemas de discriminación, en la presente entrada abordaremos el chemsex tratando de no formular juicios negativos hacia quienes lo practican. En pos de lograr este objetivo, hablaremos primero de la conexión existente entre esta práctica y la comunidad LGTBIQ+. Después, revisaremos cuáles son las principales sustancias que suelen consumirse en estos encuentros o sesiones: sus efectos en el organismo, las interacciones que pueden resultar de combinarlas con otras drogas o fármacos, etc. Por último, desglosaremos los riesgos a los que, en ocasiones, se exponen los participantes de sesiones de chemsex, cuestión en la que nos adentraremos con la idea de finalizar este escrito con algunos consejos y precauciones que puedan minimizar dichos riesgos.


chemsex

¿En qué consiste el chemsex? Orígenes del término, características y conexión con la comunidad LGTBQI+.


El acrónimo ‘chem-sex’ fue creado por el activista de origen australiano David Stuart (1967-2022) a principios de la década de 2010 mediante la unión de las palabras 'chemicals' y 'sex'. Stuart, que dedicó gran parte de su vida a la reducción del estigma asociado al VIH y a la prevención y tratamiento del consumo de drogas dentro del colectivo LGTBQI+, acuñó este término para describir una forma específica de consumo de drogas sexuado que él mismo había observado en la ciudad de Londres en el seno de comunidades de hombres gays. En su opinión, dichas prácticas mostraban ciertas particularidades que, en su novedad, permitían diferenciar al chemsex de otras culturas de consumo de drogas anteriores y/o contemporáneas.


Algunas de las características que llamaron la atención de Stuart fueron:


  • El hecho de que los practicantes de chemsex fueran en su amplia mayoría hombres que mantienen sexo con otros hombres (HSH).


  • La novedad que suponía, dentro de este colectivo y en contextos sexuales, el empleo de drogas tales como la mefedrona, el GHB o la metanfetamina.


  • Que el uso sexuado de drogas se llevara a cabo durante "sesiones" que podían involucrar a múltiples personas y durar desde un par de horas a varios días seguidos. Así, tal y como se explica desde la página web de la Federación Estatal LGTBI+ (FELGTBI+), “el término chemsex está fuertemente relacionado con el concepto ‘sesión’ que se utiliza para referirse a un evento de larga duración en el que habitualmente se consumen drogas en un contexto sexual con varias personas, ya sea de manera simultánea o secuencial”.


  • Otra particularidad también muy relacionada con la cultura gay residía, según Stuart, en la ubicación física en que dichas sesiones de chemsex tenían lugar. Y es que, además de realizarse en domicilios privados, los encuentros también tenían lugar en otros locales históricamente asociados al mundo LGTBI+, tal y como son las saunas gay, los clubes privados de BDSM y algunas zonas de cruising.


  • Por último, Stuart detalló la conexión existente entre el chemsex y las aplicaciones de citas que permiten el uso de geolocalización. Dichas aplicaciones ejercían, a su juicio, de facilitadoras de fiestas y encuentros, gracias entre otras cuestiones a la generación de todo un lenguaje específico relacionado con el chemsex. Por ejemplo, el uso de emoticonos que representan caramelos o chucherías designaban, en este contexto, que la persona en cuestión consumía drogas.


Por lo tanto, en sus orígenes el término chemsex fue creado para hablar de un fenómeno muy concreto: de la intersección entre el consumo de ciertas drogas y diversas prácticas sexuales llevadas a cabo por HSH, encuentros que podían involucrar a varias personas, durar varios días, tener lugar en diversos locales nocturnos y haber sido previamente orquestados a través de aplicaciones de citas.


Pese a que muchas de dichas características se mantienen en la actualidad, el pensamiento crítico queer ha puesto en tela de juicio la idea de que solo los HSH practican chemsex, pues la realidad es que otros colectivos forman parte de dichas sesiones desde sus orígenes: gente trans, personas no-binarias, hombres bisexuales y mujeres cis, entre otros. Por ello, hoy en día es preferible el uso de una definición algo más abierta que la ofrecida por Stuart; y, como hace Jordi Garo, de ChemSafe, en una entrevista en YouTube, entender el chemsex como el uso sexualizado, de forma intencionada, de ciertas sustancias para intensificar, prolongar o mejorar las prácticas sexuales”, sin perder de vista el resto de características encontradas por Stuart.


Sustancias más consumidas en contextos de chemsex.


Aunque existe cierta variabilidad histórica y geográfica entre las drogas consumidas en las sesiones de chemsex que Stuart documentó durante la primera década del siglo XXI en Londres y las que se consumen a día de hoy en ciudades como Madrid o Barcelona, en la presente entrada nos vamos a centrar en cinco de las drogas más consumidas en contextos de chemsex desde sus orígenes, como son el GHB, la metanfetamina, la mefedrona, los llamados "poppers" y los fármacos potenciadores de la erección. Así, no hablaremos aquí de sustancias como el MDMA, la ketamina, la cocaína, el cannabis y el alcohol, a pesar de que todas estas drogas también son consumidas con cierta frecuencia por las personas que practican chemsex.


1) GHB.


El ácido gammahidroxibutírico o GHB es un potente depresor del sistema nervioso central entre cuyos efectos deseados destacan sensaciones de bienestar, euforia y sociabilidad. Si bien es conocido como “éxtasis líquido”, cabe destacar que, al contrario que el MDMA, que es un estimulante, el GHB es -como acabamos de decir- un depresor, como el alcohol. En el mercado ilegal de drogas, el GHB suele aparecer en forma de líquido transparente. Se consume por la vía oral, generalmente mezclado con agua o bebidas alcohólicas; práctica más peligrosa puesto que, tal y como aparece en el Portal del Plan Nacional sobre Drogas, de esta forma resulta más "difícil controlar la dosis consumida y ligeras variaciones en cantidad o pureza producen efectos muy diferentes".  En este sentido, el GHB es de las drogas que poseen el umbral de seguridad más estrecho, es decir, que variaciones muy pequeñas en la cantidad consumida pueden resultar en efectos mucho más peligrosos.


Sus efectos, además, pueden variar en enorme medida según la persona que consuma la droga, y se suelen percibir a partir de los 10 minutos después de su ingesta. A dosis bajas, puede causar euforia, aumento de la sociabilidad y desinhibición, y en este sentido es similar a los efectos del alcohol. Sin embargo, a dosis más altas el GHB puede tener efectos depresivos en el sistema nervioso central, llevando a somnolencia, mareos, náuseas, vómitos y, en casos graves, a pérdida de conciencia o coma. Si bien su consumo continúa siendo minoritario dentro de la población, el GHB muestra una tendencia alcista en todo el mundo, especialmente entre las personas jóvenes de Europa y Norteamérica. Por ejemplo, para el año 2025 se estimó en España que el 0,7% de la población comprendida entre los 15 y los 64 años había probado al menos una vez en la vida esta sustancia. PORTAJE JOVENES


Junto al GHB, de un tiempo a esta parte se ha popularizado el consumo GBL. El GBL es el precursor químico del GHB, y es una sustancia que posee a su vez multitud de usos industriales, motivo que explica que el GBL fuera hasta hace muy poco tiempo accesible con relativa facilidad. Sin embargo, el aumento de su consumo desde el año 2010 ha conllevado que muchos países hayan optado por restringir o controlar su venta.


2) Metanfetamina.


La metanfetamina es un poderoso estimulante del sistema nervioso central que popularizó en enorme medida la serie de televisión Breaking Bad. Suele venderse bajo la forma de pequeños cristales incoloros, que no presentan olor y que poseen cierto gusto amargo. Es un derivado de la efedrina, una medicina tradicional china empleada para el tratamiento de diversas infecciones respiratorias, y se suele consumir de diversas maneras: esnifada, fumada en pipa, inyectada o incluso por la vía rectal (lo que se conoce como "booty boomp").


En el contexto del chemsex, las personas que consumen metanfetamina buscan lograr mayor desinhibición sexual, más energía, mejor placer o aguantar más tiempo sin dormir. Sin embargo, es una sustancia que puede provocar muchos efectos adversos y, además, presenta un potencial adictivo bastante notable.


3) Mefedrona o 4-MMC.


La mefedrona es un estimulante que pertenece a la familia de las catinonas. Si bien también se consume por la vía oral, intravenosa e intrarrectal, en general la mefedrona suele esnifarse. Su presentación más común es bajo la forma de cristales entre amarillentos y transparentes, y produce sensaciones de euforia, locuacidad, incremento de la energía. En contextos de chemsex, la mefedrona también puede aumentar la libido o la conexión emocional con otras personas.


En la actualidad, en el mercado de de drogas están apareciendo otras sustancias muy similares a la mefedrona llamadas catinonas sintéticas, como es el caso del 3-MMC. Estas sustancias están muy poco estudiadas y se desconoce sus posibles efectos a largo plazo.


4) Poppers.


Los poppers pertenecen al espectro de los inhalantes, como el "pegamento" o el cloretilo. Se venden en pequeños frascos, y su consumo se realiza inhalando los gases emanados del frasco a través de la nariz. Es importante destacar que el líquido presente en el interior de dichos frascos es altamente corrosivo e irritante, por lo que puede producir quemaduras al entrar en contacto con la piel o con los ojos.


Además de producir cierta sensación de euforia, el popper es consumido por sus efectos afrodisíacos, ya que posee un efecto vasodilatador que permite la relajación de los músculos blandos, dilatando particularmente los músculos anales o vaginales, lo que facilita la penetración. Asimismo, al relajar los músculos del esfínter, puede potenciar los orgasmos.


Si quieres saber más sobre los poppers pincha aquí.


5) Fármacos potenciadores de la erección.


En contextos de chemsex, es un hecho relativamente común que se utilicen estas sustancias (como el famoso Viagra) potenciadoras de la erección junto a otras drogas. Esto se debe principalmente a que algunas drogas, como la cocaína, el alcohol o la metanfetamina, pueden provocar dificultades o incluso imposibilidad de alcanzar y/o mantener la erección, algo que se trata de contrarrestar con esta clase de fármacos.

~

A modo de resumen, tal y como se explica desde el Ministerio de Sanidad de España, en contextos de chemsex “algunas de estas sustancias pueden hacer que quien las utiliza sienta excitación, desinhibición y sensación de confianza o seguridad”, mientras que “hay quienes las consumen para realizar juegos o fantasías sexuales, o para reducir el potencial dolor de prácticas extremas como el fisting” (penetración anal o vaginal con el puño). Para más información sobre estas sustancias y sus efectos, os recomendamos la página de ChemSafe, una iniciativa de Energy Control.


Principales riesgos asociados al chemsex.


Quizá lo más importante a la hora de hablar de la conjunción de sexo y drogas en contextos de chemsex sea la importancia del consentimiento, que debe ser activo y revocable en todo momento. Sin embargo, desde ChemSafe se advierte que, bajo el efecto de ciertas drogas, "es posible que te plantees prácticas o asumir riesgos que no aceptarías en el estado habitual y de los que más tarde te puedes arrepentir". En este sentido, "el uso de cualquier sustancia puede incrementar los riesgos, ya que elementos como la capacidad de toma de decisiones, el tiempo de reacción, las inhibiciones, la impulsividad, el humor o la energía se pueden ver modificadas".


Por estos motivos, pueden surgir problemas a la hora de establecer y respetar los propios límites previos, así como puede resultar complicado rechazar prácticas o parejas sexuales indeseadas. Además, "utilizar sustancias para desinhibirse y poderse permitir comportamientos que no podrían tener en sobriedad, puede causar problemas de frustración, autoaceptación y autoestima, así como desarrollar patrones de consumo problemáticos", mientras que desde Infosida se indica que "el uso frecuente de este tipo de sustancias para mantener relaciones sexuales puede conllevar la pérdida de interés en las relaciones en las que no está presente el consumo de sustancias". 


En lo que respecta a los riesgos relacionados con las drogas, quizá el principal de ellos sea el derivado de la práctica del policonsumo, es decir, del empleo de dos o más sustancias de forma simultánea o secuencial. Por ejemplo, combinar poppers con potenciadores sexuales como el viagra, o dos drogas estimulantes entre sí (como es el caso de la metanfetamina y la mefedrona), acarrea un riesgo cardiovascular severo. Independientemente de sus efectos combinados, muchas de las sustancias empleadas generan tolerancia, tienen un síndrome de abstinencia asociado y poseen capacidad de producir adicción.


Dentro del chemsex existe una práctica que se conoce como slam o slamming, es decir, el consumo de drogas por la vía intravenosa en contextos sexuales. De forma general, una droga inyectada suele ser más potente que esa misma droga inhalada, fumada, esnifada o ingerida, ya que los efectos suelen ser mayores y aparecer mucho más rápido. Por este motivo, las personas que consumen drogas inyectables tienen muchas más probabilidades de sufrir una sobredosis que el resto de consumidores de drogas. Compartir equipo (jeringuillas) con otras personas o reutilizarlo más aumenta drásticamente la probabilidad de infectarse con hepatitis C, tuberculosis, VIH...


En este sentido, preocupa especialmente el hecho de que exista por toda Europa un repunte en el consumo de metanfetamina de forma intravenosa, un fenómeno que se cree en estrecha vinculación con la práctica del chemsex. La metanfetamina, especialmente consumida de esta forma, puede ser una sustancia altamente adictiva. En un dossier dedicado a esta sustancia, el Plan Nacional sobre Drogas avisa de que "las personas que usan metanfetamina a largo plazo pueden tener, con mayor frecuencia, síntomas psiquiátricos como ansiedad, confusión, insomnio, cambios de humor, y desarrollar una conducta violenta. Pueden también presentar caracteres psicóticos como paranoia, alucinaciones visuales y auditivas, e ilusiones"


Por último, tal y como se advierte desde el Ministerio de Sanidad de España, "la combinación de estos elementos, incluyendo las sustancias, el sexo y también el papel de las tecnologías (como las aplicaciones de contactos y las webs de pornografía), junto con la soledad u otros factores de vulnerabilidad, pueden dar lugar a cuadros complejos, pudiendo requerir atención de servicios especializados en adicciones". El chemsex "se ha asociado con sobredosis, suicidios, adicciones, problemas de salud mental, agresiones sexuales, y puede además tener un fuerte impacto en la salud y bienestar sexual. Se han descrito igualmente impactos negativos en el rendimiento profesional o académico, en la vida social y afectiva de las personas afectadas, así como problemas legales y económicos".

Reducción de daños.


A continuación, exponemos un decálogo de consejos que pueden ser útiles para las personas que practican chemsex de cara a minimizar los riesgos para la salud que esta práctica conlleva.


  • Conocer las drogas que se van a consumir: su dosificación, sus posibles efectos adversos, su duración, sus posibles interacciones con otros fármacos, etc. Si es posible, es recomendable analizar las sustancias para saber exactamente su composición. Además, si consumes fármacos para el VIH, puedes consultar sus efectos combinados junto a otras drogas aquí.

  • Utilizar preservativo y lubricante para disminuir los riesgos de lesiones y la posibilidad de contraer una ETS.

  • No forzar a que otras personas consuman si no es su intención.

  • Si se realizan prácticas sexuales de riesgo, es recomendable hacerse un chequeo para reducir las posibilidades de infectar a otras personas en el futuro.

  • No asociar de forma exclusivista el disfrute de la sexualidad a las sesiones chemsex. Diversificar los placeres.

  • No compartir parafernalia para consumir drogas, especialmente material de inyección y "turulos".

  • Velar de cara a que los límites de las personas implicadas sean respetados SIEMPRE. Cualquier práctica sexual realizada sin el consentimiento de todas las personas implicadas constituye violencia sexual y un delito.

  • Si se va a practicar BDSM, establecer una palabra de seguridad previamente.

  • Velar cada cierto tiempo por el bienestar de tus acompañantes, establecer pautas de autocuidado mutuo.

  • Valorar tomar la llamada PrEP o profilaxis preexposición, es decir, un medicamento que reduce la posibilidad de contraer VIH. Si ya se sufre VIH, es importante respetar las pautas de consumo de retrovirales para reducir las posibilidad de infectar a otras personas.


Y si eres una persona que participa en sesiones de chemsex y cree que tiene un problema de adicción, ya sea a las drogas, al sexo o a su conjunción en esta clase de encuentros, no dudes en contactar con nuestro equipo. Desde PADULUCE queremos y podemos ayudarte.

Comentarios


bottom of page